Cuando Dios toma la decisión de crear todas las cosas en el universo para su gloria, dice la palabra que creo los cielos y la tierra, es decir los tres cielos. Los creo para que fuera luz en el universo hasta que Satanás trajo tinieblas sobre la faz.
El Apóstol Juan nos relata a Jesús diciéndoles que el lugar final de felicidad es el cielo y que la razón por la que el vino al mundo a morir en la cruz fue primeramente para que con su sacrificio todas las personas vayan al cielo.
Para que me acepten como gobierno yo debo haber hecho que el reino de Dios se restablezca en la tierra y esto según la palabra de Dios solo lo puedo hacer con mi esposa, mi ayuda idónea y nunca en solitario.
Una de las dos cosas que Satanás utiliza en nuestras iglesias para no poder pasar a otro nivel es contaminar los utensilios porque de esa manera las ofrendas que se presenten a Dios son inmundas y por supuesto que Dios no las aceptara y no responderá a ninguna de nuestras oraciones.
La palabra de Dios establece un principio muy claro para que nosotros podamos entrar en la casa del hombre fuerte como lo dice el verso 29 y robarle todo lo que nos ha quitado, esto es restitución en el reino de Dios.
Si Abraham prosperó sobreabundantemente después de haber diezmado, entonces debemos heredar sus principios para prosperar y ser herederos sobreabundantemente también de su fe y obediencia a Dios en todo.
Los diezmos son una deuda que adquirimos a cambio de que Él nos abra las ventanas de los cielos y reprenda al devorador una vez que satisfagamos esa obligación.