La palabra de Dios establece que después de que el acusador de nuestros hermanos allá sido expulsado y que la influencia de este en nuestras vidas que nos convierte también en acusadores de los demás delante de la gente y de Dios de día y de noche. Vienen cuatro cosas a nuestras vidas:
Cuando Dios toma la decisión de crear todas las cosas en el universo para su gloria, dice la palabra que creo los cielos y la tierra, es decir los tres cielos. Los creo para que fuera luz en el universo hasta que Satanás trajo tinieblas sobre la faz.
El Apóstol Juan nos relata a Jesús diciéndoles que el lugar final de felicidad es el cielo y que la razón por la que el vino al mundo a morir en la cruz fue primeramente para que con su sacrificio todas las personas vayan al cielo.
Quitar el pecado es necesario para que hablemos con confianza y comodidad, sea a Dios en oración o de parte de Dios al predicar o hablar con los demás.
Para que me acepten como gobierno yo debo haber hecho que el reino de Dios se restablezca en la tierra y esto según la palabra de Dios solo lo puedo hacer con mi esposa, mi ayuda idónea y nunca en solitario.
Una de las dos cosas que Satanás utiliza en nuestras iglesias para no poder pasar a otro nivel es contaminar los utensilios porque de esa manera las ofrendas que se presenten a Dios son inmundas y por supuesto que Dios no las aceptara y no responderá a ninguna de nuestras oraciones.
La palabra de Dios establece un principio muy claro para que nosotros podamos entrar en la casa del hombre fuerte como lo dice el verso 29 y robarle todo lo que nos ha quitado, esto es restitución en el reino de Dios.
Si Abraham prosperó sobreabundantemente después de haber diezmado, entonces debemos heredar sus principios para prosperar y ser herederos sobreabundantemente también de su fe y obediencia a Dios en todo.
Los diezmos son una deuda que adquirimos a cambio de que Él nos abra las ventanas de los cielos y reprenda al devorador una vez que satisfagamos esa obligación.